Todas las tardes voy por el camino de Scuech, pasando por La Portiecha, con mi palo de avellanera, la gorra naranja y la máquina de fotos. Llego hasta los tubos del agua, encima de El Pueyo y del pantano de Búbal. Voy de un pantano a otro. La vista es preciosa, se ve gran parte del Valle de Tena, sus montañas con restos abundantes de nieve, en contraste con el intenso verde y el azul del agua en cuyo estómago hay buen bocado de estas tierras.
A la vuelta siempre cojo flores para dejárselas a Santa Quiteria en la hornacina, recuperada de las aguas, situada ahora a la entrada de Lanuza.
Otra frase que debería estar en el Museo del Prado, "en cuyo estómago...". No sé cómo se te pueden ocurrir cosas así de bonitas.
ResponderEliminarAy que gracia !!
EliminarBesicos