La libertad tiene un precio. Hay que poner la pipeta contra las pulgas y demás parásitos, pero ... no le gusta nada, NADA. Tengo que abrirla cuando no me ve, ni me oye, sin embargo debe de conocer la forma como lo miro y me acerco porque escapa como una lagartija y la mitad se va al suelo. Hoy sí que lo he conseguido. Pobre, me mira con ojos acusadores y se esconde debajo de la mesa, en cuanto baje a la calle se va a revolcar por toda la tierra que encuentre, lo cual ayudará a esparcir más y mejor la pequeña cantidad de antiparasitario por su pelo. Recuerdo que Remo, nuestro perro, el primer día que le poníamos el collar antipulgas se escapaba huyendo del olor y corría por toda la casa ... pobres !!
Me acuerdo de crío, cuando entraba a buscar los huevos de las gallinas en Bailo y me entretenía demasiado en el gallinero, estaba un par de días desparasitándome con las uñas. (Aquí te pillo y aquí te mato)
ResponderEliminarHola Angelines, si que es verdad que no les gusta para nada, a mi con mi gatejo me pasaba lo mismo y para cogerlo me las veía y deseaba, mira que son listos eh? jejeje, que guapo esta enfadao bajo la mesa:)
ResponderEliminarBesos.
Pobre!! la carita de enfado, je, je. Abrazos
ResponderEliminarPobre, si que es verdad que tiene cara de asustado. No te comenté nada de tu cambio en el blog, bueno pues muy chulo. Un abrazo
ResponderEliminarCómo lo cuidas al pobre Bolo. Gracioso él con las cosas que te hace. Un besito muy cariñoso desde Cáceres.
ResponderEliminarYo siempre digo que tienen el séptimo sentido, nada más mirarte saben lo que estas pensando es digno de estudio. Con mi perrito me pasaba lo mismo
ResponderEliminarMam nadzieję, że niedługi zapomni o tym co mu zrobiłaś dla jego dobra. Pozdrawiam.
ResponderEliminarEspero que el corto nos olvidemos de lo que hizo por su propio bien. La suya.
Los míos hacen lo mismo. Besos.
ResponderEliminarMétodo o conjuro según se mire, para desparasitar amigos rabilargos y bigotudos.
ResponderEliminarMientras no está presente el destinatario, ingeniar un sistema para mantener la pipeta abierta en vertical, a la espera del momento oportuno. Cuando dormita como una malva en el regazo, guardar la pipeta cuidadosamente oculta y mantenida en la mano menos diestra, mientras con la más habilidosa se acaricia la cruz del lomo, al tiempo que se intenta abrir camino entre el pelo para, tras un habilidoso cambio de mano del "maléfico elixir", verter con rápida y firme determinación el contenido en el punto exacto hasta la última gota.
Efectos secundarios: nada más recibir la dosis, el destinatario salta malhumorado y lo suficiente aturdido como para no apercibirse de la "taimada estrategia" y para volver a dar, sin demasiado tardar, un nuevo voto de confianza al regazo donde ha tenido lugar la "vil traición".
Brujería de alto grado, abstenerse neófitos y novatas.
Pues Bolo es rencoroso, le dura el enfado, hoy se me escapa ... Mañana tal vez se deje acariciar. Hago cosas parecidas a como tú lo cuentas, pero a veces es más astuto él. Yo creo que cuando subimos a Lanuza ya se lo espera y está con cien ojos y otras tantas orejas.
ResponderEliminarSi cuídalo que es tu mejor compañía ...Ya si que me voy...hasta mañana;)
ResponderEliminarBolo es por tu bien.
ResponderEliminarBesos