
Entrando en el recinto y dejando afuera todo lo que rodea a Pirineos Sur.
Es una magia unigualable, el sonido de la música que unas veces te entra hasta los huesos, rebotando en las montañas y otras suave como el arrastrar de la seda por el agua. Todo eso envuelto por el reflejo de la luna en las aguas quietas y presidido por la Foratata, mas reina que nunca, todo eso hace que te tranforme, que te haga volar, nadar o gritar...te sientes águila, delfín o lobo. La oscuridad luminosa que rodea kilómetros de orilla, el subir o bajar continuo de la gente,tan variada como las propias actuaciones, el fresquito propio de la montaña y los ecos rotundos de la música crean un ambiente festivo único.
Jo, dicho así... La música y las montañas... Ay...
ResponderEliminarEste año ya no es lo que era. Hay poquita gente... Pero las montañas y el agua son las mismas y nosotros tambien.
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