Esta tarde he intentado ir hasta las Cotatiechas para hacerle una caricia a Remo, ver si siguen sus muñecos colgados del árbol (para que no se los coman las vacas) y decirle que ya estamos aquí ... pero no he podido pasar de la presa, me hacía daño el pie. Otro día lo intentaré. Están los cerezos silvestres todos en flor, en el otoño son los que le dan esas pinceladas rojas al bosque, ahora son blancas, parecen nubes o mantillas de encaje tendidas entre los pinos y las trimboleras.
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