Ya se están poniendo el vestido de lentejuelas. Las hojitas de las trimboleras al temblar con el viento, reflejan el sol y parecen vestirse de fiesta. Su corteza blanca recibe con agrado el calor del sol, más tarde, en el verano se ocultará de sus rayos y, como el fino cutis de una mujer, se protegerá bajo la persiana de sus ramas.
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