
Ya es parte de mi familia,
y si esto es causa de burlas
al no tener sentimientos
quizás alguien se confunda,
mi gato ganó con creces
su derecho a mi ternura.
Cuando busca compañía
su airoso andar apresura,
y mientras viene a mi encuentro
parece que me saluda
con un quejido mimoso
que me embriaga de dulzura.
Pero si quiere estar solo
se va sin ninguna duda;
y aunque lo llame y le ruegue
ya no es posible que acuda.
¡mi gato ganó con creces
su derecho a mi ternura!
Graciela A. de Navas.
-Gracias, Laureta-

Mi gato es igual que el tuyo, me da su ternura aunque hay gente que no lo entiende..
ResponderEliminarUn bonito poema
saludos
Gracias JValentina. Un abrazo.
ResponderEliminarYo entiendo la ternura de una mascota, grande o pequeña, de compañía y aunque no es vuestro caso yo he vivido el resurgir de una vida, condenada al aislamiento y a mucha tristeza, gracias al cariño de una perrita, pero Angelines, JValentina, vosotras tenéis vida propia, disfrutarla, que no os la robe una mascota por cariñosa que sea.
ResponderEliminarTe equivocas Luis. Una mascota, nada te pide y a cambio te lo da todo... Es compatible vivir tu vida y amar a tu mascota. ¿No es cierto Trimbolera? Un abrazo
ResponderEliminarYa lo creo Marisa, se adaptan a tu forma de vivir y un perrito hay que sacarlo a pasear, que de paso es bueno para su dueño, pero un gato ni eso. Luis te dan mucho, mucho, es que no se sabe hasta que se tienen. Un simple periquito agradece el cariño y te sientes feliz cuando se le levantan las plumas de la espalda al escuchar tu voz y reconocerte. La mejor mascota o compañero es un perro, sin dudarlo, pero si por circunstancias no se puede, el gato es una opción buenísima, para mi ha sido la mejor medicina.
ResponderEliminarMe rindo.
ResponderEliminarGato, perro, tortuga... se puede coger cariño a cualquier animal. Mi padre siempre vivió entre animales, los criaban y luego los vendían o los sacrificaban y se los comían. A pesar de estar más que acostumbrado a eso siempre recuerda un cordero que lo seguía a todas partes, con el que jugaba, corría y al que consideraba su amigo; han pasado muchos, muchísimos años y él mismo reconoce que nunca superó la pena que le causaron cuando, a pesar de sus súplicas, lo sirvieron de cena un día. Pero estoy de acuerdo con Luis en un aspecto, llevar las cosas al extremo, en lo que sea, no es ni bueno, ni sano.
ResponderEliminarYo también estoy de acuerdo en los extremos.
ResponderEliminar"Animal de compañía" no juguete.
Vaya Paz, yo si que lo voy a enmarcar. Tu de acuerdo conmigo, no me lo creo. Cuando yo era de los pequeños en el Colegio de los Jesuitas, a que se me nota, teníamos un perro San Bernardo Blanco de nombre, al que todos queríamos con locura, nos dejaba hasta utilizarlo de caballo. Un buen día Blanco desapareció, al día siguiente a los internos les dieron carne para comer y alguien dice "es la de Blanco". Fue la primera huelga que yo recuerdo de la época franquista.
ResponderEliminarLuis, no puede ser verdad !!!!!
ResponderEliminarPuedo prometerte que así sucedió.
ResponderEliminarPues me he quedado pasmada.
ResponderEliminarPero bueno, comieron carne, pero no de Blanco. Eso lo dijo algún gracioso. Como cuando se guisa conejo y luego alguien dice que es gato.
ResponderEliminarEn la facultad de derecho de Oviedo (la antigua, la bonita, la de verdad) estaban constantemente dos perros grandotes, debían ser cruce con mastín. Un dia de mucha lluvia y tremendo frío se nos colaron en clase y no hubo forma de sacarlos, allí se quedaron a echar la siesta tan tranquilos. Cuando se pasó la facultad al Cristo me contaron que ellos también se mudaron, porque los bedeles y profesores les daban agua, comida y mimos. A uno de ellos le dieron una paliza una noche y fue una conmoción en todo Oviedo, todos los días daban el parte médico en el periódico y lo atendieron los mejores veterinarios. Afortunadamente se curó. Y estoy de acuerdo contigo muchas veces Luis, pero no te lo digo para que no se te suba a la cabeza.
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