Era el año 1972. Me ofrecieron una sustitución en la escuela de Aratorés y como no tenía ninguna notica de la solicitud que yo había echado para acceder a una plaza de interina ... accedí encantada. Las cosas no estaban nada bien, las plazas eran escasas para la multitud de maestros que había en la provincia, así que había echado los papeles también en Lérida, pero nada.
El pueblo está en un alto, de la carretera sale un desvío que yo hacía andando todos los días y al terminar las clases cogía el tren un poco más abajo para volver a Jaca. El bocadillo del mediodía me lo comía sentada en una piedra (ahora mirador) desde la que admiraba todo el valle.
La escuela era pequeñita y acogedora, orientada al sol. Mis niños eran los más cariñosos del mundo, fueron los primeros y el primer día, no sé quien estaba más nervioso si ellos o yo ... !!
Daba muchas clases particulares en Jaca, prácticamente todo el día, pero no es lo mismo. La escuela era sólo "mía" .
Los niños firmaron en mi agenda escolar, que guardo como un tesoro: Jesusín, MªCarmen, Ana, Ignacio, Aránzazu, Eduardo, Javier, Luis. Veinte días después nos despedimos porque me llegó un telégrama con la plaza que me habían adjudicado: Arrós, en el Valle de Arán.
Hace pocos días subimos a Aratorés y pude volver a ver la escuela, cerrada. Había unos cazadores almorzando al sol justo delante.
¡Cuantas escuelas han sido abandonadas durante estos años! Recuerdo un pueblecido de Soria en el que solamente quedaba en pie un casa, la iglesia y la escuela estaban derruidas. El nombre de este pueblo quedó grabado en mi memoria: Navabellida
ResponderEliminarUn abrazo desde mi mejana
Los pueblos se empezaron a abandonar cuando se quedaron sin maestros. Los niños, al salir de su entorno, ya no volvían para quedarse. Fue una de las principales causas, aunque se unieron otras.
ResponderEliminarLa enseñanza debe dar muchas satisfacciones. (olvidemonos de lo otro que es más feo y quizás más reciente).
ResponderEliminarEn esas pequeñas localidades, donde todos se conocen y se hace una vida algo familiar, debe sentirse una gran añoranza cuando se deja.
Saludos manolo
La primera plaza que le dieron a mi hijo fue en un colegio de Lleida donde los alumnos provenían de un centro de acogida, y a pesar de tener el corazón roto por las historias que había detrás de cada alumno, el guarda un grato recuerdo.
ResponderEliminarLa enseñanza, cuando se imparte a "personas" es íntimamente satisfactoria.
ResponderEliminarUna de las mejores amigas de mi hija es de Aratorés. Y por los nombres y el año, creo que su hermana mayor sería alumna tuya. Vaya paseo que te dabas todos los días y cuesta arriba, para llegar a clase por la mañana. Eso si que era hacer deporte.
ResponderEliminarSé que la enseñanza ahora mismo está fatal y que gran parte de la responsabilidad es de los padres, pero echo en falta a los maestros de antes, entregados, preocupados, personalizaban a los alumnos y les importaba lo que fuese de ellos. Afortundamente todavía quedan algunos, pero empiezo a pensar que son los menos, se han convertido, y no por su culpa, en meras fichas que se mueven cada año de colegio en colegio en función de las necesidades de todos, excepto de los niños. No tienen tiempo de conocerlos ni de cogerles la medida y acaban por acostumbrarse a eso y a dejar pasar el curso como pueden. Yo quiero que vuelvan los maestros que tuve yo.
ResponderEliminarEs que está todo esquematizado, tan atado, que no hay sitio ni tiempo para personalizar demasiado. Un fallo muy sensible.
Eliminar